5 años en Suiza

El pasado domingo se cumplieron 5 años desde que llegué a Suiza. Acompañada de mi recién estrenado marido, tras varias semanas de luna de miel de ensueño y en un coche lleno de cajas y maletas, recorrimos la distancia que separa Talavera de la Reina de Uzwil -que a algun@s os sonará de “1 franco, 14 pesetas”, preciosa película, muy recomendable-, en un viaje de dos días con parada en Montpellier para descansar. En total, más de 1.500 kilómetros y 22 horas atravesando España y Francia hasta cruzar la frontera suiza en las inmediaciones de Ginebra.

Aunque ha pasado tanto tiempo, recuerdo vivamente la emoción que subió conmigo al coche aquel día, los sentimientos encontrados ante el paso de habíamos decidido dar – la pena por alejarme de mi familia y amigos, y la alegría por empezar lo que para mi era una gran aventura- y las GANAS mayúsculas de llegar y estrenar una nueva vida.

Recuerdo a mi compañero de viaje, una persona a todas luces más prudente y comedida que quien escribe, intentando poner freno a mi ilusión desbocada, dejándome caer que todo iba a ir bien pero que no podíamos esperar un camino de rosas; que afrontábamos un gran cambio plagado de retos y obstáculos, y que los momentos difíciles llegarían; que surgirían problemillas que resolveríamos pero con los que tendríamos que lidiar…

Y yo escuchaba y asentía –claro, claro, se se– pero ni podía ni quería ser prudente. Quería exprimir el “subidón” porque el momento que habíamos estado esperando por fin había llegado, y por partida doble: además de empezar una nueva vida en otro país, uno tan molón como es Suiza, volvíamos a vivir juntos tras dos años de distancia por motivos laborales.

Wilkommen in der Schweiz!

Recuerdo mis temores al aproximarnos a la frontera con Suiza. Con el coche hasta arriba, no podía imaginarme otro escenario que no incluyera un alto de la policía y un registro a conciencia. Y a saber si nos acababan tirando el jamón que venía oculto entre las maletas, menudo disgusto. Había leído tantas historias al respecto… Al final, ni registro ni na de na. Pasamos la frontera con rumbo, esta vez sin intención de hacer paradas, a Uzwil.

Horas después, Uzwil nos recibió con discreción y un par de horas de luz que aprovechamos para vaciar el coche y subir los bártulos al apartamento que ocuparíamos hasta encontrar un lugar que se dejara alquilar. Una llegada que, además de muy esperada, fue especialmente dulce por el recibimiento que me había organizado el comité de bienvenida, o sea, mi churri, compuesto por globos, velas y la que sería mi primera fondue en casa en Suiza. Muy suizo y muy romántico. ¡La aventura no podía haber empezado mejor!

Las siguientes semanas volaron, se volatilizaron. Tras años trabajando sin más pausa que las vacaciones, una boda, una luna de miel y una mudanza internacional, me regalé a mí misma un descanso a base de no madrugar, disfrutar de las vistas de nuestro apartamento en Uzwil (las de la foto!), descubrir los alrededores sola y acompañada por maromo en maravillosas excursiones de fin de semana, regodearme en la felicidad del momento y ver Friends (siempre es buen momento para volver a ver Friends).

Recuerdo con cariño el primer día que cogí un bus para ir a Wil, pueblo cercano, y mis intentos de aprender a saludar y pedir un ticket en alemán. Y digo intento porque la cosa no fue a más. Y es que cuando llegué a Suiza no sabía ni contar hasta 10 en el noble idioma de Goethe. Poco tiempo después empecé a ir a clases y aprendí a contar y mucho más, aunque no lo suficiente. Porque en alemán nunca se aprende ni se estudia lo suficiente, ainssssss

5 años después

Ha llovido mucho desde aquellos días, literal y figuradamente. Como me había advertido marido, las nubes llegaron y me cayó encima más de un chaparrón de los que te calan hasta los huesos.

El idioma no nos lo puso fácil, alquilar un apartamento resultó toda una hazaña, encontrar trabajo casi acaba con mis nervios (oh, paciencia, quien te pillara), pasé mucho miedo, hice tonterías a mansalva, me equivoqué mucho y muchas veces, sufrí el bien llamado choque cultural… pero también hice much@s y buen@s amig@s, expandí mis límites, descubrí el amor y apoyo incondicional que me podía llegar a dar marido, superé retos que me subieron la autoestima, aprendí a sacarme partido, mejoré mi inglés, me arranqué a chapurrear alemán, me reinventé a nivel profesional, empecé este blog… y hasta he sido mamá. ¿Qué más se le pueden pedir a 5 años?

En definitiva, como la vida misma, los últimos 5 años me han deparado unas de cal y otras de arena hasta plantarme en el día de hoy, que me apetece celebrar. Porque además de feliz me siento afortunada y porque solo puedo desear 5 años más como el último, sin duda uno de los mejores.

Porque, estemos donde estemos, la vida hay que aprenderla, lucharla, vivirla… y cuando va bien saborearla. ¡A disfrutar del camino!

¿Y vosotr@s? ¿Cuánto tiempo lleváis en Suiza y qué tal os sentís viviendo aquí? ¿Echáis mucho de menos vuestro país de origen, amigos y familia o lleváis más o menos bien la distancia? ¿Algún consejo para recién llegados o pasajeros a punto de embarcar en la aventura suiza?

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7 pensamientos en “5 años en Suiza

  1. Que bonito post Sara! Me ha encantado leerlo por la alegria, el optimismo y el amor (hacia el maromo) que desprende. A seguir asi otros 5 y muchos más años. Besos. Eva

  2. Hola! Yo llegué hace un año, aunque los primeros 7 meses trabajé en la parte francesa, y ahora estoy en Zúrich. Vine por amor también, mi novio es alemán y bien asentado aquí. Lo que más echo de menos de España es a mis padres y mis amigos más cercanos, y también el carácter cercano de la gente en general, y las estoy pasando canutas con el idioma a pesar de tener ya un resultón B1 pero es que no entiendo lo que dicen!!! (ya si hablan en suizo, ta luego maricarmen…!) Me gusta mucho el país (sobre todo la parte germánica y la italiana y mi ciudad, Zürich), a pesar de su sistema sanitario que me parece la mayor estafa de la tierra XDD, (yo lo llamo el “impuesto revolucionario”,se paga para estar aquí y básicamente no sirve para nada). Los paisajes son una pasada y siempre hay algo que explorar, además, está rodeada de otros lugares espectaculares como Alemania, Italia, Austria… Para mí es genial la oportunidad de poder vivir aquí. Profesionalmente mi sueldo es mejor que en España pero, haciendo la misma tarea, en Suiza están bastante más “retrasados” que en España o otros países donde viví anteriormente. No todo podía ser perfecto 😉 Saludos y que sigas disfrutando

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