5 grandes peligros de vivir en Suiza

Aunque Suiza es uno de los países más seguros del mundo, no deja de ser un país peligroso. Así es amiguis, a pesar de ostentar una de las tasas de criminalidad más bajas del mundo y de su neutralidad “pacifista”, Suiza encierra oscuros secretos que uno solo descubre con el tiempo o, lo que es peor, con la (mala) experiencia.

Por supuesto, se trata de peligros de los que nadie te habla antes de mudarte y de los que apenas oyes hablar cuando acabas de llegar al país, pero que están ahí fuera, latentes, al acecho, esperando la oportunidad de atacar y joderte el día recordarte que sí, que en Suiza se vive de maravilla, pero que tiene sus cosillas.

Que puedes estar segur@ de que nadie va a entrar a robar a tu casa, que ni van a tocar los paquetes de Zalando que el cartero deja en plena calle y a la vista de cualquiera… PERO eso no significa que vivamos en el País de las Maravillas.

Hoy, a pesar de los escalofríos que me produce solo pensar en ello, vamos a hablar de los GRANDES PELIGROS de vivir en Suiza. Muaaaajajajaja (risa terrorífica):

1. No estar asegurado… de lo que sea

Cuando llegué a Suiza, al no estar trabajando, apuré el tiempo que pude estar sin registrarme como residente para evitar pagar el costosísimo seguro médico obligatorio. Mi mayor terror, el objeto de mi peor pesadilla, no era otro que sufrir una apendicitis sin estar asegurada y acabar teniendo que hacer frente a una deuda millonaria. Me daba igual tener la Tarjeta Sanitaria Europa (muy, muy aconsejable si no se está registrado o para los familiares y amigos que vengan a veros). Imaginaba mil y un escenarios en los que recibía facturas médicos cargadas de ceros. TERROR.

Más allá del seguro médico, en Suiza puede ser terrorífico no tener cualquier otro seguro que se pueda necesitar en un momento dado. Como el seguro extra para disponer de servicio de ambulancia llegado el caso (cuesta un ojo de la cara) o el seguro de responsabilidad civil, que viene a cubrir cualquier daño que puedas causar a un tercero o su propiedad sin querer o queriendo, que eso da igual. Tener un accidente de bici o cargarte un jarrón de porcelana china en una tienda sin este seguro puede salir muy, muy caro. Y los gastos elevados e inesperados en Suiza dan más miedo que el payaso de Stephen King.

El seguro médico suizo, cuando no te cubre medicinas y/o tratamiento

2. L@s vecin@s

Y diréis, “pues mis vecinos son muy majos”. Y seguro que sí, los míos también. Pero todos, TODOS tenemos un vecino o vecino aficionado al espionaje y, lo que es peor, a la denuncia fácil. Estos vecinos o vecinas que llaman a la Polizei ante cualquier ruido extraño que escuchen a las 22.01 o para quejarse porque has aparcado el coche rozando una línea amarilla. Incluso hay vecin@s que controlan el tiempo que sacas a tu perro de paseo o las horas a las que sacas la basura.

Con todos ellos… CUIDADO. Están sueltos y son peligrosos.

3. Los revisores en el transporte público

Estos me dan más miedo que los anteriores. Aparecen cuando menos te lo esperas y, tengas o no billete, son capaces de producirte un escalofrío que ni la niña de THE RING saliendo del televisor de tu casa. No sé por qué razón, una se siente tratada como un hermano Dalton (los malos de Lucky Luke, para los jóvenes de la sala), al borde de la Ley o directamente criminal.

En este caso, mi miedo no es coincidencia. Casi nada más llegar a Suiza tuve una muy mala experiencia con  un revisor de la SBB en un tren que iba de Zurich a Winterthur (o eso creía yo). Afortunadamente me salvé de la multa, aunque me costó lo mío… y me llevé la correspondiente bronca.

4. Equivocarse

Da igual si es al pagar, en Correos (la Posta, para los cuasi lugareños) o al separar la basura para reciclar. Equivocarse en Suiza se paga caro, ya sea monetariamente -si hay multa de por medio- o recibiendo una regañina que ni mi abuelo cuando le pisaba lo sembrao.

Porque si algo le gusta a los suizos, amigos, es echar petas, pero petas gordas, con fundamento, con su retahíla de argumento, sus advertencias y consejos correspondientes y, cómo no, la moraleja del asunto. Ante esas situaciones siempre me veo tentada a darme golpecitos con el puño en el pecho entonando el cristianísimo “por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa…

5. Hacer ruido a deshoras o en domingo

Aunque eso de que no se pueda tirar de la cadena del WC pasadas las 10 de la noche es más leyenda urbana que otra cosa (que sí, que una vez en una comunidad de vecinos pusieron esa norma… pero no es algo generalizado), sí es cierto que los suizos son muy, pero que muuuy sensibles al ruido. Algo que he de reconocer que me gusta… hasta que se va de madre.

Y es que estoy muy de acuerdo con que a partir de las 10 mi casa parezca un convento de clausura y reine el silencio, pero de ahí a que no se pueda tirar una triste botellita a un contenedor en todo el domingo… no creo ni que en clausura sean tan exigentes. Incluso existe una “policía de la basura” para vigilar que no se tire nada al contenedor en domingo, ¿es o no es un poco loco?

Y ojo, que lo del gusto por el silencio es contagioso xD

 

A parte de estos 5 peligros, se me ocurren muchos más: los radares, las multas de tráfico, mudarse de piso, el impuesto de radio y TV… ¿Y a vosotr@s? ¿Qué os da terror de vivir en Suiza? ¿Alguna experiencia escalofriante que queráis compartir? Aunque Halloween ya ha pasado, nunca es mal día para sacar los esqueletos a pasear…

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Mi experiencia de parto en Suiza (III y último capítulo :P)

Y ahí estaba yo, rodeada de matronas y ginecólogas que ni sabían de dónde venía la sangre, ni qué podía ser…

Y lo cierto es que yo me encontraba bien, las constantes del gordito eran buenas y todo parecía normal, así que finalmente decidieron esperar, dejándonos sobre aviso: si las constantes empezaban a caer me harían una cesárea de urgencia en la que, al igual que en un parto natural, me podría acompañar mi pareja y haría el “piel con piel” (algo que en España no es posible en caso de cesárea, ojo).

Una matrona aparecía cada 5 minutos para asegurarse de que todo iba bien. Tras horas de contracciones, el enema, el calmante y los vómitos… mi cara era un poema. ¿Todo esto para acabar en cesárea? En un momento dado perdimos el pulso de gordito porque el monitor, pegado a mi barriga, se había movido. Yo estaba tranquila porque tenía claro que todo iba bien, pero una vez más la reacción de matronas y ginecólogas fue impecable: rápida, tranquila y eficaz.

Finalmente, me colocaron bien el monitor y las constantes de mi bebé de las nieves volvieron a la pantalla. Todo iba bien. Cuando me volvieron a revisar, el sangrado había desaparecido, así que corrimos un tupido velo y seguimos adelante: centímetro a centímetro. Sigue leyendo

Mi experiencia de parto en Suiza (II)

Como os contaba, el nacimiento de nuestro gordito no fue para nada como me esperaba, empezando por la fecha. Y es que yo salía de cuentas el 17 de diciembre pero estaba segura de que el parto se retrasaría una semana, como a mi madre, y que nuestro niño navideño llegaría el 24 o 25. “Pobre -me torturaba yo-, su cumpleaños siempre quedará eclipsado por las Navidades…”

En esas andaba, 3 semanas antes del día D, a tope con mi té de hojas de frambuesa, el picante, la onagra, las caminatas, la acupuntura… para que el parto no se me retrasara demasiado, cuando la ginecóloga me dio la baja total y dejé el trabajo para descansar y terminar de preparar lo que nos faltaba, que era bastante.

En mi primer día “libre”, segura de tener un mes por delante, fui a la pelu y me centré en terminar un par de artículos que tenía pendientes. Era jueves y el finde prometía: esa noche encendían las luces de Navidad, abría el Mercadillo navideño y además venía mi hermana, que le hacía ilu verme gorda, muy gorda.

Y llegó el día siguiente y también mi hermana, como estaba previsto. Cena, charleta, a dormir que no puedo con la vida… y en plena noche empecé a sentirme rara. Sigue leyendo

Mi experiencia de parto en Suiza (I)

Queridas amigas embarazadas en Suiza, vosotras lo sabéis mejor que nadie: si algo obsesiona a toda embarazada es el momento parto; pero si además va a tener lugar en un país que no es el nuestro, en otro sistema sanitario y puede que hasta en otro idioma… las dudas y miedos se disparan hasta no dejarnos dormir por las noches (con permiso de la acidez, la barrigota y/o las pataditas de rigor).

Al menos ese fue mi caso. Más allá de querer estar bien informada sobre el proceso en sí, recuerdo haber pasado horas y horas buscando información relacionada con “parir en Suiza”, en concreto experiencias reales de mujeres que hubieran dado a luz en Suiza.

En solidaridad con mi yo pasado y con vosotras, y a tenor de lo poquito que encontré, hoy, casi un año después del que fue mi momento parto, quiero compartir mi experiencia desde la preparación -la información que recibí, las opciones entre las que pude elegir…- hasta el propio parto. Una experiencia que os adelanto -spoiler para impacientes- que fue muy buena 🙂 Sigue leyendo

Guía práctica para reciclar en Suiza

Aunque ahora me parece coser y cantar, una de las grandes dudas que me asaltaron al instalarme en Suiza fue, ni más ni menos, qué tirar o no tirar a la basura, qué separar y cómo, dónde depositar los residuos que generábamos… y, en general, cómo reciclar.

Acostumbrada a España, donde las normas de reciclaje son relativamente pocas, confieso que me costó un poco ponerme al día con el sofisticado sistema suizo y adaptarme a sus directrices de reciclaje, tan variadas como detalladas y precisas.

Tanto si lleváis un tiempo viviendo en el país como si acabáis de llegar y estáis buscando información al respecto, estoy segura de que encontraréis de gran utilidad contar con una guía práctica y sencilla de cómo reciclar en Suiza. Sigue leyendo

Sistema Educativo en Suiza: el Kindergarten

Aunque ya hablamos del Kindergarten al tratar el Sistema Educativo en Suiza, merece la pena profundizar un poco más en esta primera etapa de la vida escolar de tod@ niñ@ residente en el país para tener claro en qué consiste y qué hay que tener en cuenta.  No asustarse. En realidad es tan fácil como esperar la carta en la que se informa a padres y madres cuándo y dónde deben presentar al pequeñ@ para empezar el curso. Pero como el saber no ocupa lugar, y algun@s preferimos adelantarnos al desarrollo de los acontecimientos, hoy vamos a hablar del Kindergarten, primer escalón de la Educación en Suiza. ¿Qué es y cuándo empieza el Kindergarten? El Kindergarten, literalmente “Jardín de Infancia” en alemán, es la primera etapa del Sistema Educativo en Suiza, equivalente al Preescolar de España y otros  países latinos, y comienza normalmente en torno al 20 de agosto. Sigue leyendo

5 años en Suiza

El pasado domingo se cumplieron 5 años desde que llegué a Suiza. Acompañada de mi recién estrenado marido, tras varias semanas de luna de miel de ensueño y en un coche lleno de cajas y maletas, recorrimos la distancia que separa Talavera de la Reina de Uzwil -que a algun@s os sonará de “1 franco, 14 pesetas”, preciosa película, muy recomendable-, en un viaje de dos días con parada en Montpellier para descansar. En total, más de 1.500 kilómetros y 22 horas atravesando España y Francia hasta cruzar la frontera suiza en las inmediaciones de Ginebra.

Aunque ha pasado tanto tiempo, recuerdo vivamente la emoción que subió conmigo al coche aquel día, los sentimientos encontrados ante el paso de habíamos decidido dar – la pena por alejarme de mi familia y amigos, y la alegría por empezar lo que para mi era una gran aventura- y las GANAS mayúsculas de llegar y estrenar una nueva vida.

Recuerdo a mi compañero de viaje, una persona a todas luces más prudente y comedida que quien escribe, intentando poner freno a mi ilusión desbocada, dejándome caer que todo iba a ir bien pero que no podíamos esperar un camino de rosas; que afrontábamos un gran cambio plagado de retos y obstáculos, y que los momentos difíciles llegarían; que surgirían problemillas que resolveríamos pero con los que tendríamos que lidiar… Sigue leyendo

Septiembre, el mes de las obras (y el ruido) en Suiza

Amanece en Suiza.

Es septiembre, aún es verano, cantan los pájaros, brilla el sol y el día promete.

Frente a mi ventana, un amable señor poda a máquina los setos del jardín del edificio de enfrente. Otro amable señor hace lo propio con nuestros setos, ubicados justo bajo mi terraza.

En el apartamento de al lado, del que me separa una fina pared, las obras de reforma INTEGRAL siguen su curso. Empezaron el 3 de septiembre y acumulan más de 100 horas de taladro y mazo. No sabía que un piso tan pequeño podía dar lugar a tanto uso de taladro pero sí. 

Mientras tanto, una taladradora castiga la acera de una calle aledaña. Taca taca taca taca taca… Sigue leyendo

5 lagos para poner el broche de oro al verano en Suiza

¿Sabíais que este verano está siendo el más caluroso de Suiza desde 1864, año en el que empezaron a registrar las temperaturas? Aunque ya ha refrescado algo -a Dios gracias- algo hemos notado en las pasadas semanas, eh? 😛

El verano en Suiza ya no es lo que era, para bien y para mal. Por fortuna, aunque el calorazo conlleva efectos desagradables -las noches sin pegar ojo se llevan la palma-, también nos permite disfrutar de planes que de otra manera no molan tanto, como bañarnos en las aguas cristalinas de un lago alpino.

Porque, aunque bañarse en un gran lago como el de Lucerna o el de Ginebra es toda una experiencia, nada se compara con adentrarnos en plena naturaleza, descubrir cualquiera de los muchos paraísos que esconden las montañas de este bello país y, en días de sol y calor, bucear en las aguas turquesa de sus lagos. Sigue leyendo

La mater/paternidad “en solitario” en Suiza (o en cualquier parte)

¡Hola a tod@s, he vuelto! Después de varias semanas alejada de las teclas, hoy por fin he encontrado el momento y las ganas necesarias para sentarme frente al ordenador y ponerme al día con vosotr@s, que ya os echaba yo de menos 🙂

Así es. Mi maromo ha tenido la estupenda idea de irse de Badi con nuestro monete y dejarme la tarde para mi, tarde que he decidido disfrutar en casa para hacer todas esas cosas que una siempre quiere y no puede, empezando por reencontrarme con NETFLIX (en una breve incursión, porque para ponerme al día necesitaría un mes) y siguiendo, por supuesto, por darle al teclado.

Y resuelto el problema “falta de tiempo” no ha tardado en aparecer un segundo interrogante: “pero vamo a ve, y yo… ¿sobre qué escribo ahora?”. Porque cuando el día a día de una transcurre entre biberones y papillas, cambios de pañales y ropa, paseos con carrito… no queda mucho espacio (ni tiempo, una vez más) para las ideas.

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