Lo mejor y lo peor de vivir en Suiza (I)

Siempre que me cruzo con alguien dispuesto a compartir su opinión sobre éste mi pequeño blog recibo el mismo comentario: “escribes de una forma muy positiva”. Vaya por delante que me alegro de no resultar una ceniza, pero al mismo tiempo me preocupa transmitir una imagen distorsionada de la vida en este país sin ser consciente de ello.

Porque la vida en Suiza es y puede ser maravillosa, como decía el gran Andrés Montes, pero también tiene sus cosicas. Al igual que la vida en Madrid o en Sevastopol, en función de diversas circunstancias. Y es que las circunstancias lo son todo, y no solo las nuestras. Al final los días buenos y malos son resultado de mil y una circunstancias propias y ajenas que confluyen y se alían para hacernos sonreír o tirarnos de los pelos.

Aún así, me preocupo: ¿será que estoy transmitiendo una idea de Suiza cercana al país de la piruleta, donde abundan las casas de chocolate y sobrevuelan unicornios coloraos? Para disipar dudas, hoy voy a hacer “examen de conciencia” (creo que no digo algo así desde mi primera Comunión… que fue casi la última) y confesaros qué es para mi lo mejor y lo peor de vivir en Suiza. Sigue leyendo

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Subida al Monte Pilatus, Lucerna (Suiza)

IMG_5164Uno de los remedios más efectivos para librarse del estrés que producen las preocupaciones del día a día es pararse a pensar en lo pequeños e insignificantes que somos.

Piénsalo. No somos más que una gota en el océano… Y poco a poco, mientras vamos tomando conciencia de ello, los problemas menguan, se encogen. Empiezan a parecer, como tú mismo, pequeños e insignificantes.

A más de 2.000 metros del altura

A más de 2.000 metros sobre el nivel del mar las cosas se ven de otra manera: lejanas y pequeñas, muy pequeñas. Qué fácil es entonces, sin tener que pensar en ello, sentirse pequeño e insignificante. Y que le den a los problemas 😉

Este fin de semana pasado tuvimos la oportunidad de experimentarlo al subir al Monte Pilatus, cerca de la ciudad de Lucerna (a unos 45 minutos en coche hacia el sur de Zürich). Aprovechando la visita de una amiga y un clima primaveral más propio de mayo que de febrero, decidimos subir a los 2.132 metros de altitud hasta su cumbre para disfrutar de unas vistas privilegiadas sobre el llamado Lago de los Cuatro Cantones, la misma Lucerna y los Alpes berneses. Sigue leyendo